En la biblioteca las dos empleadas, cincuentonas o en vías de serlo, tostadas de más y excitadas charlan a los gritos.
Gesticulan haciendo poco caso de los pedidos de los lectores, y escuchan sólo una palabra, clave para poder obviar el resto del mensaje, esto es la parte humana del mensaje.
Por otra parte forma usual de comunicación: comunicación verborrágica sin ida y vuelta, guaranga, mercenaria en su egoísmo alimentado por la televisión, el zapping, la crisis perpetua, la humedad y el querer estar siempre en otra parte ... "ya me van ver", "que saben estos muertos de hambre", "yo en Miami, con esta pinta y con lo que me costaron estos biceps en el gym", maledicencia de barrio, mala leche de jugador de fútbol alerta de la debilidad del otro. Escuchando lo mínimo de los lectores, víctimas momentáneas del efecto post-vacaciones, para evitar la realidad como en un conjuro infantil. Cuanto más rápido hablen y menos piensen -apretá fuerte el puñito, aferrate a la muñeca, cerrá los ojos y se pasa el miedo, se pasa nenita- la ilusión de plenitud física y recuperada juventud -los cuerpos, las risas de dientes blancos de los verdaderamente jóvenes en la playa- durarán. Si ellas con esa energía interna y con esa vitalidad vacacional estuvieran en esos cuerpos.
-¿"Un mundo feliz"?, mnn, me parece que no, le dice segurísima a la adolescente que delicada le muestra la ficha.
-Si acá está ...
-Ah sisisisí, claro, espeta descarada con su pinta de haber conocido mejores tiempos, mejor pasar y hasta esperanzas de futuro.
De repente, mientras con mis libros estoy subiendo hacia la planta superior, escucho a la otra empleada, más gordita, más vulgar, lanzar al aire:
-¡Quiero ser la mujer maravilla! y la veo dar unas vueltas sobre sí grotesca, gastando la última reserva de energías del orgasmo anual que le procuró su marido en el caluroso hotelito costero pensando seguramente en las chiquilinas infernales que se vuelven reales mientras palmea el hombro de su amigote "no sabés un despelote y me miraba la guachita" ... y el infaltable y quimérico "si la agarro ...".
Me pierdo en el recodo de la escalera pensando que ya se encargará el año de llevarse el bronceado, la energía súbita y el prestado estado de plenitud, lentamente, día a día, ficha a ficha, tedio y menopausia municipal ...
Cuando bajo de la planta alta las veo tomando un cafecito sin notar a José Mármol que desde una litografía percudida con una carita entre cómica y triste las mira con la expresión de esos retratos viejos que -tecnología por medio- hacen hablar en la tv para vender cualquier producto ... detergente, un plan de salud, los servicios de un banco o el remedio efectivo contra la acidez estomacal.